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Siendo ya el segundo mes del año 2021, empiezo escribir este día 17, el día que tiene los números de la suerte, diría un apostador compulsivo, el uno y el siete. Y así empezamos.

Era un viernes del mes de Abril, me encontraba jugando y apostando en una mesa de ruleta, tenía 300 fichas de un dólar cada una, las escogí así, para verme como todo un gran apostador, así es el ego, siempre tratando de demostrar algo más allá de la realidad, a un lado de mi había una persona , de edad media, pero sus 300 fichas eran de cien dólares cada una, el croupier, dice; juego abierto, y yo me espere, mire como este apostador tomó todas sus fichas y las colocó en el uno y el siete, apostó solo en esta jugada, el croupier cierra las apuestas y la bola cae en un tres, el como si nada vuelve a pedir las mismas fichas y en el segundo juego hace lo mismo, solo que yo lo acompañe, al caer la segunda bola, ahora le toca al catorce ganar, me quedé en silencio con la manos cruzadas, y el apostador a un lado me dice, sigue jugando, esto es como el amor, siempre apuéstale a lo que tu creas y va a llegar el momento menos esperado, el premio mayor.

Hoy siendo el mes del amor de la amistad, me pone a pensar en esta anécdota, y mi mente se fija en un pensamiento; ¿Qué es el amor?, ¿Cómo sabes que es amor?, y lo veo así;

Un día, de la nada, se encuentran dos almas, hay un espacio entre ellas, aquel espacio que divide y aleja, se podrá decir que es un túnel, un túnel oscuro en la entrada está un alma y en la salida está la otra alma, imagínate que no tienes ojos, solo el tacto, el oído y el olfato, y tu eres el alma de la entrada, aquella otra alma se encuentra en la salida de ese túnel, y efectivamente es tu alma gemela, a cualquiera le da miedo, intriga, emoción, e inclusive te provoca un ímpetu, pero a la vez ese miedo te penetra, siendo quizá miedos pasados, o inseguridades pasadas, pero el alma gemela te llama, y tu a ella, y empieza el primer paso, turbio, nervioso, porque ni siquiera sabes del piso del túnel, de las paredes, y aquel primer paso, se vuelve fatal para el ímpetu que tu emoción tiene, al pisar suelo, y sentir paredes, el segundo no es menos que el primero, no ves nada, solo sientes, pero en ese sentir las manos se van resbalando y los pies cada vez sientes la flacidez del suelo. En uno de los siguientes pasos lo pierdes todo, el suelo, las paredes, el olfato y el oído, quizá te encuentres muy al principio del túnel, pero ya estás adentro.

Lo que tiene tu alma, es algo que llamo conciencia, y es lo único que puedes confiar, en ella y en ti, he aquí el momento exacto donde, el alma toma esa decisión si quedarse entre el uno o el siete o tomar viaje atrás y salir de ahí, he aquí el momento exacto donde sabrás que aquella alma es tu gemela, o simplemente un espejismo de un capricho.

Al estar ahí, tu alma vuela, se fortalece, se forja, se afila, y se nutre, de algo que solo el espíritu conoce como alimento, de amor puro, amor real, y de ahí se toma para seguir y seguir, pensando que aquel túnel es largo, y al despegar, la distancia fue tan corta que se juntan las dos almas y se amalgaman, ya que por la fuerza de aquel amor real que hizo avanzar es tanta esta unión, que solo el viento queda, y aquellas dos almas, se vuelven algo que pudiéramos decir, un amor único y verdadero.

Tristeza es, que, en ese momento de estar en ese túnel, pongamos a nuestra alma tomar la decisión de irse por ser tan largo, cuando en realidad está enfrente de ti.

Tristeza es, que, en ese momento de estar en ese túnel, pongamos la inseguridad del alma primero, y dejemos su alimento olvidado, tomando la decisión que no era para ti.

Tristeza es abandonar todo aquello que esté y es, pero eres tu quien no cree que es.

Así que, si algún día nos encontramos en la entrada de este túnel y nuestra alma gemela está al final, deja que tu fe, tu sentir y tu espíritu tomen la decisión, que pudieras perder, si ese túnel no es una ruleta, si no tu crecimiento hacia la vida, hacia el amor y sobre todo hacia lo que siempre soñamos, un amor real.

Una florista me dijo un día:

¿Buscas un color en lo particular?

Le contesto: si, lila.

Y ella me dice:

¡Ah, el color del alma!