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Siendo el sexto día del primer mes de este año 2021, alguien me decía: ¡día de reyes!, y cierto es.

Empiezo este día poniendo en orden mis pensamientos y colocando mis sentimientos en una mirada hacia enfrente, por algo el mes de enero es representado por un hombre de dos caras, una mirando hacia enfrente y otra mirando hacia atrás. ¿Será que realmente así queremos empezar este año, este nuevo ciclo?, de esta manera, de no voltear atrás, o simplemente nuestra inercia nos hace mirar hacia enfrente, pero seguramente habremos personas que esa mirada atrás, es más fuerte, más intensa y más fija que la mirada de enfrente, vemos y sentimos como esa mirada de atrás sale de ella misma y quiere llevarse el cuerpo completo, jalando el corazón y la mente por delante, pero en fin, simplemente no es nada fácil mirar hacia enfrente, cuando de la nada, inesperadamente, la avalancha te sumerge y tu mente, tu cuerpo y tu alma, están atrás. Será que se siente como Miguel Ángel, el gran pintor, cuando terminó su gran obra de la capilla Sixtina y en vez de firmar su nombre, dibuja su cuerpo como un regalo a Dios, ¡te di todo de mí!, obviamente no es nada igual, yo simplemente di todo de mí y se quedó atrás, así que, con la mirada de enfrente, sigo escribiendo mi diario.

Al ser memoria del día 14, lo relaciono con el día del amor y la amistad, ese día que muchos lo llaman cursi, anticuado o material, sin embargo, tengo una historia que contar, de cual antes de que finalizara el año anterior regresó a mí, y la quiero escribir.

La viuda y el amor verdadero.

Estando en Roma, Italia, el año era 1998, y el día era 14 del segundo mes del año, eran las cinco de la tarde aproximadamente y me alistaba para salir a una cita, muy inusual, estando enfrente de un espejo, me peinaba y me preguntaba si estoy listo, con una sonrisa contestó: ¡nací listo!; la frase ideal de una memoria fallida de un perdedor; saliendo de mi departamento, me transporte en camión, con destino a una plaza, llamada Emperador Augusto, ahí era el punto de reunión, un restaurante llamado ¡Gusto!.

En el trayecto, hacía memoria de que hacía y a donde iba. Tenia mas de un mes haber tratado a una chica, que nos comunicamos, en el idioma inglés, ella tenía papá alemán y mama griega, Aliki era su nombre, teníamos cosas en común y nos llevábamos muy bien, teníamos un carisma compatible y un gusto por la comida, igual. Así que mi intención fue invitarla en el día de la amistad, y cenar una buena comida, al estar pensando en el transporte que iba, pensé que pediría una botella de champaña de la Viuda de Clicqot, había escuchado tantas veces la historia con mi papá, que era la champaña favorita de mi abuelo, y que siempre presumía su destape y su sabor como una celebración fenomenal, nunca la había probado y pensé: me regalaré ese gusto, en el restaurante gusto, y por primera vez la tomare, en dos vasos como la emotiva historia era.

Al llegar al lugar, ella ya estaba ahí, más puntual que lo puntual, la salude, ella muy contenta me dice: no sé porque sentía que no venias, ¡no se porque!, quizá por el día, y se me quedó esa frase en mi mente, se me hizo curioso, nos pasamos a sentar y antes de que la mesera llegara, le pregunté: ¿me permites ser aventurero?, ¡si claro! Contesta, la mesera llega y en vez de interrumpir, yo aprovecho y pido una botella de champaña Viuda de Clicqot, en un par de minutos trae la botella, envuelta en hielo, y dos copas, se para en medio de los dos y nos dice: han escogido a la viuda, ¿saben?, Barbe Nicole era la dueña, y ella por amor a su esposo que falleció, convirtió este vino espumoso en una de las champañas más gustadas en el mundo, escogieron bien, la viuda es la mejor opción. En lo inmediato, le digo: por favor no abra la botella, eso lo haré yo, solo necesitamos hablar primero unas cosas , aquella mesera se fue con una sonrisa en la cara y una emoción por haber servido a la viuda. Al estar solos, empecé mis palabras con ella, y le dije: ¿tu no crees en el amor real?, en aquel amor donde dos extraños se ven , y sin conocerse , se conocen, en aquel amor donde lo real es lo imposible para muchos, en aquel amor donde se es ejemplo y se vive intensamente, no crees que tú y yo pudiéramos empezar una historia real, ¿Cómo ves?, tu que dices, en la fracción de segundos que mi voz terminaba, las lágrimas empezaron a correr por sus ojos, aquella mirada que la viuda había visto con emoción, se fue y miraba atrás. Me quede plasmado y preocupado, pensando: yo solo quería saber tu pensar y tu sentir. Hizo tres respiros de diafragma (diría mi maestra de oratoria), y al tercer exhalo de aire, me dice: no puedo contestar, estoy hecha pedazos, no creo en el amor, no creo en la sinceridad y no creo en lo real, discúlpame no puedo quedarme, se levanta y se va.

Deje pasar un minuto, no más, pedí la cuenta pagué y la viuda se quedó entre dos copas y hielo, trate de alcanzarla, pero ese minuto fue suficiente para que desapareciera. La verdad, estaba triste, y me cuestionaba qué hice mal, ¡claro!, un perdedor siempre cuestiona eso. A los seis días de esa cita, sin saber mas de ella, me toca la puerta a las siete de la mañana, y aparece con una envoltura en la mano, con una sonrisa me dice: ¡buenos días!, y en ¡español!, te traje este obsequio, es una carta y una canción, espero que encuentres la respuesta de mi parte, de que es lo que me paso. Y también vengo a decirte que me regreso a casa de mis papas por unos meses, pedí licencia en la escuela y quiero estar sola, la verdad, espero y encuentres a ese amor real, con el cual compartas a la viuda, se despidió de mí y se fue, no duró más de cinco minutos en la puerta. Me senté, me tomé mi tiempo, y me cambié, me dije: voy por un café, y a sentarme para ver qué es. Con un café en la mesa y mis dos manos en el paquete, lo abrí, y si era un CD, de una sola canción, llamada Turn, de la cantante Natalie Imbruglia, canción que ya había escuchado, habla de un hombre ideal en todos los aspectos, pero simplemente ella estaba hecha pedazos, y en una frase dice: ¡llegaste un poco tarde!

En sus palabras en la carta que escribió me dice: Espero que encuentres una canción algún día que describa tu persona, siempre es bueno tenerla, ya que en este mundo el amor real, se da en otra vida, no en la nuestra. Ese CD, y esa carta, las conservo, para que algún día pueda decir que no es verdad.

Hace tres semanas, siendo un amante de la buena música, y de todos los géneros, encontré una canción que sí, eso es lo que soy, y eso es lo que está en esa mirada de atrás que hoy jala de la mirada de enfrente, mas no les diré que canción es, ya que cada uno de nosotros debemos de buscar la nuestra, por algo un gran compositor dijo: ¡viviré para siempre, porque mi música es el corazón, el alma,  de muchos!

Ese mismo día que encontré mi canción, en la tarde estuve buscando un regalo para un cliente, una botella de su licor favorito, estando en la búsqueda, se aproxima una mujer con gafete y me dice: ¿le puedo ayudar en algo? Le contesto: busco tal marca de licor, ah sí, aquí está, y fíjese yo pensé que buscaba la viuda!!!.

En lo inmediato le contestó: ¡dónde está la viuda, y me dice, aquí hay una, lista para usted, y solo le faltaría sus dos copas!!!

Me quede plasmado, exactamente igual que aquel día 14.

Tome esa viuda, tome dos copas, y las coloque en un lugar donde podrán estar, hasta que ese amor real este frente a mí, y podamos abrir a la viuda.

Siempre es bueno tener esa esperanza, esa fe, eso quizá es lo único que la mirada de atrás no me jalo; mi fe.