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Antes de concluir los doce meses de este 2020, terminó en un número impar mi diario.

Dejando la respuesta de la tardanza, en el simbolismo del número 13, el miedo, o por lo menos la superstición de que algo fuera de lo normal es el resultado de este.

Al estar escribiendo mi diario en mi mente, día que pasaba, las palabras se borraba y comenzaba de nuevo, siempre buscando una secuencia, a pesar de que la vida no es tan consecutiva que digamos, ejemplo de ello me recuerda la lección del 1, 2, 3: arrancan.

Estaba en segundo de secundaria y ya tenía algo de experiencia en atletismo, por lo cual busque entrar a un equipo de entrenamiento, en el primer día, nos pusieron a competir corriendo, recuerdo que el entrenamiento era en pares, al ser mi turno, coloque los pies sobre la raya del inicio, fijando mi postura hacia un avance, y el entrenador responsable, marca; 1, 3; arranca, mi compañero comenzó y yo no, en esa fracción de segundos, mire al entrenador y me dijo; ¡dale que te va a ganar!

Obvio el resultado fue negativo para mí, dejándome fuera de mi primera competencia, a los minutos se acerca el entrenador y me dice: ¡si no estás listo para cualquier situación, entonces no estás listo para seguir las reglas!, al momento estaba enfurecido, terminé el entrenamiento y ya no volví, siendo el debut y despedida de ese deporte.

Pasaron 12 años, cuando volví a ver a ese entrenador, que además fue mi maestro de educación física, era un aniversario del club Mutualista, que fui invitado por un tío mío, ya que recibió un reconocimiento, me acerqué a él, y le dije: profesor, fui su alumno hace algunos años, estaba bien tomado en alcohol y junto a él estaba su esposa, me la presento: ¡mira! ¡te presento a la dueña de mis quincenas!, fue la primera vez que escuche esa frase, lo salude y me retiré, más vale no estar en una situación incómoda. Al sentarme en la mesa de nuevo, me quedé solo unos minutos más y me fui a casa, caminando de hecho, y en el trayecto pensé: ¡no aprendió las reglas de la vida este señor!, no le sirvió de nada el ser maestro. ¿dónde quedó la secuencia del aprendizaje de estar preparado para cualquier situación?, y lo digo así, ya que instantes antes de irme, se cayó al lado de su esposa ahogado en el suelo, quedando ella en una situación vergonzosa de su actuar.

Estar listo para cualquier situación, será que este es el título de uno de los libros más buscados por un perdedor, o simplemente es un título más, entre las muchas lecciones que la vida te da, aunque el tiempo siga adelante.

Llevo ya varios días con ese pensamiento de: ¡estar listo para cualquier situación!, me invade en las noches, en mi sueño, y creo que es hora de descifrarlo:

Cómo puedes estar listo, para algo que nunca pensarías que pasara, ¿Cómo?, algunas personas podrían pensar que son señales de las cuales golpean la inercia de un camino equivocado, otros podrán decir que son pruebas de crecimiento, y hay otras personas que pensamos que simplemente no es culpa de uno, castigo o maldad hacia uno, simplemente no es tu culpa. Pero cualquiera sea la razón de existir de eso que pasa sin aviso alguno, la verdad es que no, no estamos preparados, y no es una prueba, son más que nada situaciones que la vida te pone en frente, y ya veras tu si te sumerges más profundo, para ver si encuentras el tesoro, o cambias de marea para buscar en otro océano, pero lo que sí, es que es un miedo al instante, una superstición de momento, una pausa de vida, que hasta el aire dejas de inhalar, y en ese momento, todo para, el tiempo se vuelve nada, el aire se vuelve frío y el sol se vuelve noche, no se cuantas veces pasara en la vida, ni tampoco se si a toda persona de este mundo le pase algo así, pero lo que si se, es que estando inmerso en la vida, todo miras, todo sientes, en fin eso es ¡la vida!

Hay un consejo que una persona sabia me dijo:

¡Cuando estés sumergido en una situación inesperada, haz algo inesperado; simplemente avanza!

Hace unas semanas, iba escalando mi Everest, y de la nada una avalancha cayó sobre mí, sobre viví, más sin embargo siento que perdí parte de mi cuerpo, el frío me llego y a pesar de esto, mi naturaleza de ser, mi instinto de supervivencia    me ha hecho llegar a la cima, hoy empiezo a descender, quizá ya con la inercia de gravedad mi cuerpo se sienta más unido y mi camino sea más fuerte y así estar más listo para sumergirme en mi vida de nuevo.

Sigo este diario, invadido de la nada, y con manos vacías, los días son cortos, las noches son largas, qué más puede ser, si la vida de un perdedor es así, simple y sencillamente así.

A días de terminar la segunda década del milenio actual, sigo escribiendo mi diario, la vida sigue y el mundo sigue. Y aunque el cielo se vea diferente, es solo el agua que hace que sea diferente, el cielo sigue siendo el mismo cielo.