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Siendo el primer día del mes ocho del año 2020, empiezo escribiendo mi noveno día de mi diario.

Y tomando en cuenta los números, me pongo a recordar un momento en mi vida:

Tenía aproximadamente 16 años, y trabajaba en el negocio familiar: Siempre tratando de que las cosas estén mejor. Y en esa intención, acomodando algunos artículos que su clasificación eran por número, me di a la tarea de pintar los números consecutivos del 1 al 10 en un anaquel de mercancía.

Al estar ya en el número nueve, llegó un amigo de la familia, de nombre Carmelo; persona mayor sencilla, que en cuanto lo mirabas, pensarías que era un vagabundo más de la calle, pero en realidad era un matemático que se aisló de la realidad y creo su propia realidad. En cuanto llegó, miró mis números y me dijo:

Muchacho, eres un ciego, un torpe y un irrespetuoso.

Y me quede:

¿Por qué?

¿Qué no sabes que el número 3, es la mitad del infinito, o sea el 8, y no una caricatura con cabeza plana como lo has puesto?, el 6, es un nueve invertido a su exactitud y no un círculo mal hecho; el 8 es el infinito exacto, no dos ruedas inexactas. Y el 9, el nueve es mágico porque es un infinito que simplemente le faltó llegar.

Al terminar me quedé entre pausado, regañado y congelado, pero miré mis números y le di la razón. En lo inmediato los volví a hacer. El Sr. Carmelo se quedó hasta el final y me dijo:

¡Qué tristeza me das! No cabe duda de que la juventud viene empujando un cambio de algo inexacto, y piensan que saben, pero no saben. Ten en cuenta que el empiezo es el único momento que tienes para que todo lo demás sea como iniciaste; empiezas mal, avanzas mal. Él refiriéndose a los números consecuentes del 9 en adelante.

Al paso del tiempo el Sr. Carmelo murió y los números quedaron. Y si él pudiera ver ahora que los jóvenes, ¡piensan en otro son de los números!  Seguramente se volvería a morir.

Al paso del tiempo, las personas estudian los números de mil maneras. Hace menos de un año precisamente, estaba sentado con una terapeuta, psicóloga, numeróloga y me decía:

Tú naciste en el mes 3, y tu pareja en el mes 9, por lo cual es una multiplicación exacta de los deseos que tú has soñado.

Al escucharla, me cuestioné tanto de su decir, que simplemente me reí y pagué la consulta, que en efecto la llaman así, ¡Consulta!

Pasando el tiempo, me puse a analizar si la numerología era real o no, y si realmente nuestro destino tiene que ver con un número.

¿Es curioso no?

Hace unos días un amigo médico de profesión, me dijo:

El ser humano es tan complejo, que tratamos de comprender a otro cuando deberíamos de terminar de comprendernos a nosotros mismos.

¡Y SI!

Hemos hecho de nuestros miedos e inseguridades, una ciencia, que tratamos de buscar la fórmula exacta; crear la aplicación única y aguantar la inyección que después de ahí la gripe, (soledad, nada, tristeza) simplemente se va.

Y así nos la pasamos en consulta tras consulta.

Quizá lo que trato de decir:

Es algo que reconozco que yo mismo no lo he logrado:

Sentirme libre

Sentirme satisfecho

Sentirme que mi infinito está cerrado y que la vida fluye y fluye con rumbo y exactitud.

porque simplemente estoy donde ese número nueve se quedó, tratando de cerrar el infinito, pero saben:

Así como el nueve, no estoy boca abajo y sigo parado, que, con el favor de Dios, haré ese último esfuerzo para que el propósito de mi vida sea por lo que inicialmente se hizo:

¡Ser infinitamente feliz!