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Hoy hace siete meses, compramos una planta de romero, pero era ya en árbol.

Curioso el dato que, en vez de un pino para festejar las fiestas decembrinas, elegimos un romero. Quizá por el aroma que naturalmente produce, o la puesta visual que llega a verse como si el romero estuviera para ti.

Al pasar esas fiestas, el romero quedó abandonado, y lo digo así, porque ya las fiestas decembrinas habían terminado pero la vida sigue, los festejos cambian, las estaciones del año también y nosotros nos movemos en base a estas reglas.

Hace tres Días lo volví a ver ¿Y saben?

Murieron la mitad de sus ramas, la mitad de su cuerpo. Está completamente seco, pero su otra mitad aún no.

En ese momento que lo vi, en mi mente llegaron recuerdos, llego la soledad y la nada empezó a cubrirme, quise describirme a mí mismo para saber qué sentía; y me imaginaba el romero, de cómo un día: lo vimos, lo escogimos, lo cuidamos, y de un momento a otro lo olvidamos; como si hubiera sido un capricho, pero a la vez afectando otra vida, de la cual, la única razón de ser de ese romero, es ser ella misma y crecer, hasta lo máximo que pudiera.

Nosotros interrumpimos ese ciclo, para satisfacer nuestro vacío, por llamarlo así.

Y en ese instante entendí que también entre personas hacemos lo mismo, ¿A quién no lo han tomado, usado y luego olvidado?, quien responda, ¡a mí nunca!, seguramente su inteligencia emocional supera la media normal, pero al igual nosotros también hemos tomado, usado y luego olvidado.

Hoy en el día siete del mes siete del año 2020, tomé el romero, le di un trono nuevo, le puse tierra fértil, con vida nueva, esperando que sane y que se recupere. Me di el tiempo de hacerlo, pero al mismo tiempo, yo mismo me daba esa nueva oportunidad de sanar. Quizá aquí puede entrar una frase como: ¡Cuida una vida, porque eso también es cuidar tú vida!

No sé si con el tiempo, el cuidado, vuelva a ser como fue el romero, pero no quedará en mí, ya el tiempo y la dedicación sanarán las heridas y quizá vaya a ver ramas secas que nunca se recuperen, pero seguramente surgirán nuevas, mejores, más frondosas y más fuertes, ¿Y saben?

Eso es sanar, dejar lo malo, y enfocarte en lo nuevo, que eso nuevo será lo que siempre deberías de ser: el ser tú.